
Todo apunta a que sí: los vuelos van a dejar de ser low-cost en breve, al menos en la Unión Europea.
Y es que la UE viene de anunciar una medida para el uso de combustibles sostenibles en aviación (SAF). La idea es que, de manera gradual, los aviones pasen a utilizar combustibles con menor impacto ambiental. ¿El problema de esto? Que dicho combustible es significativamente más caro que el queroseno que se ha venido utilizando hasta la fecha. Hasta cinco veces más.
Para los curiosos que se pregunten qué es eso de los combustibles sostenibles en aviación (SAF): hablamos de combustibles alternativos derivados de fuentes renovables o residuos reciclados, diseñados para reducir considerablemente la huella de carbono de los vuelos respecto al queroseno de toda la vida.
¿Por qué dejarán de ser vuelos low-cost?
Porque a las aerolíneas va a costarles cada vez más sostener los precios bajos. Esto no es algo que veremos de la noche a la mañana, sino que se introducirá de forma gradual, provocando una predecible subida de precios en los vuelos domésticos y a nivel europeo.
Para ser concretos, los objetivos de la UE con SAF son:
Un 2 % de los vuelos en 2025 deben emplear combustibles sostenibles.
Este porcentaje crece hasta el 6 % en 2030.
A corto plazo, eso significa un previsible aumento de manera proporcional. Una subida de los billetes del 6 %, que se sumaría al IPC, no es una cantidad menor. Puede acabar implicando un incremento de entre el 6 y 8%.
Lo más importante sucederá con el aumento hasta el 70 % en 2050, siempre siguiendo dicho reglamento europeo, conocido como ReFuelEU Aviation. Hay que considerar que será para todos los vuelos que operen en espacio comunitario. Es decir: volaremos más caro nosotros, pero no necesariamente aquellos pasajeros fuera de la UE (a no ser que el avión despegue o aterrice en nuestro territorio).
¿Por qué se toma esta medida sobre los combustibles?
Porque se ha estimado que el tráfico aéreo supone el 3 % de las emisiones globales de CO₂. Y dado que los gases de los aviones se liberan a gran altura, su impacto medioambiental se supone mayor.
Está claro que no es algo que las aerolíneas o los clientes demanden, dado que los vuelos van a dejar de ser low-cost porque los billetes subirán de precio. De manera lógica, si la compañía paga hasta cinco veces más por el combustible, dicho coste se repercutirá al cliente final. Así que esos billetes baratos que tanto gustan tenderán a ser una rareza, casi una especie en extinción. Volar será más caro con esta normativa.

¿Cómo te afectará todo esto de los combustibles ecológicos como pasajero?
Una cuestión está clara: los vuelos emitirán menos CO₂, por lo que cumplirán con la normativa que los regula como sostenibles. Está claro que con esta medida se logrará reducir notablemente las emisiones de las empresas de aviación europeas.
Más allá de esto, lo que no resulta tan evidente es qué impacto tendrá a nivel económico. Aquellas compañías que ofrecen vuelos low-cost y centran en esto su negocio sufrirán especialmente. Mientras tanto, el sector europeo resultará menos competitivo que sus homólogos extracomunitarios.
¿Quiénes son los principales responsables del aumento de las emisiones aéreas?
Seguro que te sorprende (o quizá no tanto) saber que solo un diminuto 1% de los viajeros es responsable de prácticamente la mitad de los vuelos. Sí, esos mismo viajeros frecuentes cuyos jets privados emiten más CO₂ en un día que tú en todo el año.
Irónico, ¿verdad? Precisamente por eso se están solicitando regulaciones más estrictas para controlar estos vuelos privados y avanzar hacia una aviación verdaderamente sostenible y equitativa.
Tren vs. avión: ¿tiene sentido que el avión sea más barato que un tren?
La pregunta que muchos se hacen es lógica: ¿el hecho de que los vuelos resulten (en ocasiones) mucho más baratos que los treneses sostenible?
Curiosamente, hasta Michael O’Leary, CEO de Ryanair, conocido por sus atrevidas y criticadas propuestas acerca de la forma de viajar en los aviones, ha admitido públicamente que esta situación carece de sentido, considerando el impacto ambiental del transporte aéreo.
Pero la paradoja no termina ahí. Con los conflictos geopolíticos recientes, como la guerra de Ucrania, los precios de los combustibles fósiles se han disparado, haciendo todavía menos lógico mantener precios ultrabajos en vuelos cortos dentro de Europa. Esto sumado a problemas operativos como huelgas o falta de personal en las aerolíneas, no hace más que confirmar que la era de los vuelos excesivamente baratos está llegando a su fin.
Así que, si en los próximos meses/años notas que el tren empieza a ser más atractivo económicamente que un avión, no te extrañes demasiado: será simplemente la realidad medioambiental alcanzando por fin al sentido común.

Una subida de precio esperada
De manera gradual, esto supondrá que las rutas menos rentables pierdan interés. Si hay pocos pasajeros, el riesgo para la compañía que opera el trayecto es mayor, por lo que resultará menos atractivo ofrecerlo. Así, la tendencia natural será a bonificar la planificación del vuelo, ofreciendo tarifas más baratas a quien compre con previsión. Si lo dejas para última hora… el billete será muchísimo más caro. Incluso que en la actualidad.
Por otra parte, las compañías tendrán que justificar este incremento de precios. Algunas hablan de repercutir una “tasa de sostenibilidad” al pasajero, haciéndole notar el coste de la medida de forma directa. Por otra parte, también habrá que justificar dichos importes, ya que la subida del precio del billete es algo que reducirá el volumen de clientes dispuestos a pagar por viajar en avión. En pocas palabras: seremos más exigentes, porque pagaremos bastante más por viajar en avión.
Así que si llegado el día de viajar te suben el precio pero bajan la calidad y vulneran tus derechos, ya lo sabes: podrás reclamar que te compensen. Sí podemos esperar que estas cantidades a indemnizar aumenten, respetando el coste que paguemos por el vuelo.




