
El Gobierno de Nicolás Maduro ha ejecutado su amenaza y ha retirado las concesiones de vuelo a seis aerolíneas internacionales —entre ellas Iberia, TAP, Avianca, Latam Colombia, Turkish Airlines y Gol— después de que estas suspendieran sus operaciones con Venezuela tras una alerta de seguridad emitida por la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA).
La decisión profundiza el aislamiento aéreo del país y golpea de lleno a la histórica ruta Madrid–Caracas, operada por Iberia desde hace décadas y considerada un enlace clave entre España y Venezuela.
El origen inmediato: la advertencia de la FAA y la respuesta de Caracas
Hace unos días, la FAA advirtió a las aerolíneas estadounidenses y extranjeras sobre “riesgos significativos” para la aviación civil en el espacio aéreo venezolano, vinculados al aumento de la actividad militar y a la tensión política en la región, en paralelo a un despliegue de fuerzas de EEUU en el Caribe.
En respuesta, varias compañías internacionales —incluida Iberia— decidieron suspender de forma preventiva sus vuelos hacia y desde Caracas. La aerolínea española canceló sus cinco frecuencias semanales entre Madrid y la capital venezolana, medida que ha afectado ya a miles de pasajeros con billete para estas fechas.
El Instituto Nacional de Aeronáutica Civil (INAC) venezolano reaccionó con un ultimátum: las aerolíneas que habían suspendido operaciones debían retomar vuelos antes del mediodía del miércoles o se arriesgaban a perder su autorización de “vuelo permanente” en el país.
Al vencer el plazo sin que Iberia, TAP, Avianca, Latam, Turkish y Gol reanudaran sus operaciones, el Gobierno de Maduro anunció la revocación de sus derechos de tráfico, acusándolas de alinearse con lo que califica como “terrorismo de Estado” promovido por Washington.
Iberia, en el centro de la tormenta
Para Iberia, el veto venezolano supone el cierre abrupto de una ruta rentable pero no estratégica en términos de volumen: el enlace Madrid–Caracas representaba en torno al 1,7 % de su capacidad de largo radio para 2025, unos 126.000 asientos programados este año.
La compañía insiste en que su prioridad es la seguridad operativa de pasajeros y tripulaciones y ha reiterado que solo volverá a Caracas “lo antes posible” cuando existan garantías plenas para operar con normalidad.
Mientras tanto, las autoridades venezolanas señalan a otras aerolíneas —como Air Europa y Plus Ultra— y les exigen que reanuden de inmediato sus vuelos bajo la amenaza de aplicarles el mismo castigo que a Iberia si no cumplen.
Veinte años de una relación complicada: deuda, controles de cambio y amenazas
La crisis actual no surge de la nada. La relación entre Iberia y el Gobierno venezolano ha sido, durante las dos últimas décadas, una sucesión de acercamientos pragmáticos y choques económicos y políticos.
Iberia era la principal aerolínea que conectaba Europa con Venecuela y tenía una gran cuota de mercado durante los años 2000. Pero entre 2013 y 2015 tuvo problemas para sacar dinero del país por la negativa del gobierno venezolano a liberar divisas, bloqueando 200 millones de la compañía en el país. Esto hizo que redujera su participación en vuelos desde ese país. Además, la aerolínea fue amenazada con las expropiación en 2015 (entre otras empresas españolas) si no presionaban al gobierno de Rajoy para que suavizara sus criticas a Caracas.
El actual veto, por tanto, se suma a una larga cadena de fricciones marcadas por el control de divisas, la inseguridad jurídica, la inestabilidad política y los problemas de seguridad operacional.
El impacto para los pasajeros y la conectividad con España
Solo en los últimos días, se calcula que al menos 6.000 pasajeros entre Madrid y Caracas se han visto afectados por cancelaciones de Iberia, Air Europa y Plus Ultra, cifra que previsiblemente aumentará con la retirada de las licencias de vuelo y la falta de alternativas directas.
Aunque compañías venezolanas como Conviasa, Laser o Estelar mantienen enlaces con España directa o indirectamente, la salida de actores europeos de referencia reduce la competencia y complica la planificación de viajes, especialmente para la numerosa diáspora venezolana en España.
Para , el cierre de Caracas no cambia su estrategia general en Latinoamérica —donde este año prevé operar más de 5,5 millones de asientos—, pero supone un golpe simbólico en uno de sus mercados más antiguos, al que vuela desde hace más de medio siglo.
La incógnita ahora es doble: si la tensión geopolítica entre Washington y Caracas se recrudecerá, y si Venezuela reconsiderará su decisión una vez se clarifiquen las condiciones de seguridad en su espacio aéreo o si, por el contrario, el divorcio con las grandes aerolíneas internacionales se convertirá en permanente.




